El último vecino de la Casa del Aire

25 Nov
Manuel tiene 58 años, está prejubilado y tiene una escasa pensión. Lleva habitando la Casa del Aire desde hace 34 años. Allí vio crecer a sus hijos y actualmente reside buena parte del tiempo en compañía de su nieto.
Manuel es testigo de cómo se ha transformado el Albayzín, de cómo sus vecinos han ido desapareciendo, sustituidos por nuevos pobladores que ya no conoce, porque entran y salen del barrio en sus coches. Es testigo también de cómo las antiguas casas vecinales son reconvertidas en hoteles de lujo y albergues, de cómo han ido cerrando los comercios de toda la vida, siendo sustituidos por teterías, tiendas de artesanía y suvenirs. Manuel es consciente de que el barrio está dejando de ser para vecinos como él, convirtiéndose en una especie de parque temático para el turismo.
Manuel padece todo esto en sus carnes. A pesar de tener un contrato indefinido, ha sufrido todo tipo de intentos para que abandone su casa: desde el intento de declaración de ruina de su casa, el no reconocimiento de su contrato, la no aceptación de su renta para poder desahuciarlo por impago, hasta el abandono, incluso deterioro del propio inmueble, no acometiendo ningún mantenimiento y atacando a los suministros de agua y electricidad.
Pero Manuel está decidido en continuar habitando la que es su casa. Con el apoyo de otras vecinas y solidarios, lleva defendiendo su derecho a vivir allí desde hace casi 10 años. No sólo lucha por su vivienda sino también contra las atrocidades que se siguen acometiendo en el barrio.
A pesar del buen hacer de algunos técnicos de la administración, Manuel se encuentra con un conflicto estructural: las leyes y procesos burocráticos están hechos para facilitar que los grandes propietarios e inmobiliarias hagan su agosto a costa de la vecindad menos pudiente. Los derechos de los inquilinos han ido mermando sustancialmente a lo largo de los últimos años, aumentando así el conflicto vinculado a un bien fundamental como es la vivienda.
Los juzgados también han jugado un papel importante en la situación de Manuel, sobreseyendo, a pesar del volumen de pruebas, la primera querella por acoso inmobiliario admitida a trámite en Andalucía. Su visión parcializada y compartimentada del conjunto de acciones realizadas en contra de Manuel no hace más que permitir que se sigan cometiendo este tipo de injusticias.
También en los juzgados se ha paralizado el incumplimiento del deber de mantenimiento del inmueble, proceso administrativo que conduciría a que la empresa propietaria, Edivara, vendiera forzosamente la casa. Esta parálisis se mantiene desde hace más de tres años y otros tantos que le quedan si no conseguimos hacer algo al respecto.
Mientras tanto, personas y colectivos solidarios siguen apoyando a Manuel en el mantenimiento de la casa. Sin embargo, el tiempo pasa y las condiciones de Manuel continúan vulnerándose.
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  1. El último vecino de la Casa del Aire #Granada « Timocracia Granada - noviembre 25, 2013

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